lunes, 29 de julio de 2013

CONSIDERACIONES SOBRE LA TEORIA DEL SIGNO Y LOS ORÍGENES DE LA SEMIÓTICA ( De Saussure a Peirce, de Peirce a sus seguidores).

Autor: Libertad León González

el arte introduce en la vida aquella libertad que se pierde cuando las ideas se encarnan en la realidad

Iuri Lotman


     A continuación se presenta el siguiente estudio sobre las teorias de los signos en dos autores fundadores de los estudios de la Semiología y la Semiótica, respectivamente, Ferdinand de Saussure (1857-1913) y Charles Sanders Peirce (1839-1914). Se toma como referencia fundamental la secuencia dispuesta en la Unidad I del Seminario Semiótica y Educación del Doctorado de Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia, Venezuela, presentado por Irida García de Moleros para establecer vasos comunicantes con otras fuentes y reflexiones consideradas significativas para la explicación del tema.

     La importancia que para todo ser humano tiene la capacidad de comunicarse desde diferentes facultades semióticas, siendo la forma más generalizado entre las diferentes comunidades, el lenguaje humano, nos coloca en la necesaria vinculación de esta herramienta comunicativa, esencia de la condición humana, a interrogarnos sobre dos aspectos fundamentales: 1) Los aportes de la ciencia de los signos (la Semiótica) en los espacios socioculturales y 2) Resaltar los principales criterios teóricos de dos grandes de la Lingüistica estructural Ferdinand de Saussure y Charles Sanders Peirce.

     Saussure piensa en una ciencia general que estudie los signos, la llamó semiología y en su planteamiento inicial precisa su fundamentación teórica:

La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y por tanto, comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a la forma de urbanidad, a las señales militares, etc. Sólo que es el más importante de esos sistemas. Puede por tanto concebirse una ciencia que estudie la vida de los signos la vida de los signos en el seno de la sociedad; formaría una parte de la psicología social, y, por consiguiente, de la psicología general; la denominaremos semiología (del griego semeíon, 'signo'). Ella nos enseñará en qué consisten los signos.”(Saussure, en Zechetto 1, 2000:20)

     Como quiera que se propician encuentros entre la Semiótica y el resto de las ciencias en “la comprensión del funcionamiento de los signos y la producción de sentido en toda manifestación cultural” lo que se ha llamado el proyecto semiótico coloca, desde Saussure, en primer término la Semiología en cuyo seno también convergen el resto de las ciencias. Entre ellas la lingüistica y la valoración desde la lingüistica estructural de las antinomias metodológicas:
Lengua-Habla,
Significante-Significado,
Arbitrariedad (inmotivado)-racional (motivado),
Sintagma-Paradigma,
Sincronía-Diacronía.

     Estas antinomias, fundamento de la estructura binaria de la teoría del signo lingüistico de Saussure, tiene un lugar destacado para los estudios del lenguaje. Así, entre la lengua y el habla, como manifestaciones social e individual del lenguaje, respectivamente. Se reconoce también el lenguaje como sistema de signos lingüisticos, estructurados en una armazón para que cada hablante lo adecúee a su criterio individual, a su creatividad vital a partir de su experiencia individual y social. La lengua en términos precisos es concebida por Saussure con los siguientes caracteres: objeto bien definido, es la parte social del lenguaje, en consecuencia para que se produzca ha de prevalecer una especie de contrato social, es posible estudiarla separada del habla, en definitiva, es un objeto de naturaleza concreta. Por otro lado, debe considerarse en la dicotomía lengua – habla los cambios que se producen en el seno de una comunidad y que toma en cuenta, por lo tanto, la perspectiva histórica.

     En segundo término, Saussure reflexiona sobre el signo, como una “díada” compuesta por el significante, representación sensorial de algo o elemento fónico-acústico y el significado, su concepto. A partir de la noción de signo lingüistico tratará la arbitrariedad del signo y su valor, cabe destacar la siguiente sentencia saussureana “El lenguaje es una institución humana sin ninguna relación natural con su objeto” En tal sentido, creación exclusiva de una covención social arbitraria, sin razón lógica que enlace el significante y el significado, por lo cual ha sido llamada esta condición inmotivado. De igual forma, subyace el valor que cada signo lingüistico posee en la cadena hablada en oposición a otro, precedente o subsecuente, en virtud de los cuales se produce tal o cual significación. Pudiéramos señalar por ejemplo, el uso del adverbio no antepuesto a la siguiente sentencia: 'No saldrás esta noche' su valor es determinante si se omite, y la oración entonces sería 'Saldrás esta noche', o si consideramos por ejemplo, la semejanza entre términos como sal y mal los cuales apenas se diferencian por uno de sus fonemas, el valor de ese fonema inicial determina el valor del vocablo. En este sentido, estaría manifestándose la presencia de dos factores del valor: “Todos los valores están siempre constituidos:
  1. Por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar.
  2. Por cosas similares que se pueden comparar con aquélla cuyo valor está en cuestión.” (Zechetto 1, 2000: 24). Por lo tanto, cuando se establecen las reglas de valoración entre los diferentes signos también se establece un orden, una regularidad (lo racional).
     Entre las relaciones del lenguaje, denominadas por Saussure antinomias, se destacan las sintagmáticas y paradigmáticas. Las primeras, se manifiestan en la cadena del habla, es decir, en el momento en que se emite el lenguaje oral, la comunicación en presencia, aquí juega un papel fundamental el valor de oposición que se establece entre elementos precedentes y consecuentes, para establecer las conexiones necesarias que hacen de lo expresado una estructura coherente y funcional para ser utilizada en determinado momento de la comunicación entre hablantes. Cuando la comunicación es escrita también deberá prevalecer la combinación de los vocablos precisos para significar el mensaje que se desea transmitir. Las segundas, se establecen a partir de elementos comunes en una serie de signos, en ausencia, verbigracia cuando reconocemos en el inventario de los sustantivos todas aquéllas palabras que puedan haberse colocado en una oración pertenecientes a ese inventario o universo. Si decimos, por ejemplo: Luis trae regalos a las secretarias en su día. El sustantivo Luis estará vinculado a todos aquéllos posibles nombres propios que pudieron realizar dicha acción y que además, por pertenecer al inventario de los sustantivos tiene caracteres morfológicos de género y número.

     En cuanto a la antinomia Sincronía/Diacronía, Saussure establece relaciones en la estructura del lenguaje, podemos estudiar el lenguaje, bien a lo largo del tiempo (Diacronía), bien en una determinada época o período actual (Sincronía). En el estudio diacrónico “se hallan los esquemas estructurales, formales, teóricos y estables” (Op. Cit., p.26), en el estudio sincrónico “la lengua “en su aspecto más concreto como hecho social dinámico en el que los sujetos hablantes son los protagonistas” (Ibidem). De igual modo, Saussure establece una separación de las esferas si consideramos el Eje de las Simultaneidades y el Eje de las Sucesiones. A saber, en el primer caso, la relación entre cosas coexistentes, el tiempo queda excluido. Y en cuanto al segundo eje, nunca se puede considerar más que una cosa por vez dado la convención de espacialidad que de alguna manera cada significante ocupa al momento de emitirse cualquier expresión de la cadena hablada y que estaría en correspondencia con los planos fonético y fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y pragmático del lenguaje. De igual forma, la espacialidad que cada significante ocupa en el plano de la escritura en forma lineal, sin superposición de elementos. Así como, están situadas todas las cosas del primer eje con sus cambios. Es decir, el valor de los signos considerados en función del tiempo, apreciando su organización y uso en el sistema actual y en correspondencia con la evolución de que han sido objeto a lo largo de las épocas y que se manifiesta en cualquier estructura en el presente.

     En este punto de las consideraciones científicas de los estudios del lenguaje considero importante acercarnos a la lectura hermenéutica que sobre el origen del lenguaje realiza J. M. Briceño Guerrero partiendo de una exploración mitológica del tema. Permítaseme citar in extenso al autor:

Ante todo una leyenda maquiritare: “En aquélla época Uánadi, hijo del Sol y máximo héroe cultural, tenía la intención de crear los hombres para poblar la tierra, en donde tan solo vivían entonces los animales.Hizo a tal objeto una esfera milagrosa, hecha de piedra, la cual estaba repleta de gente diminuta todavía no nacida; desde dentro se oían sus gritos, sus conversaciones, sus cantos y sus bailes. Esta bola maravillosa se llamaba Fehánna”(Briceño Guerrero, 2002:11).


     El lenguaje tanto para las culturas originarias como para el hombre que ha evolucionado y se ubica en la reflexividad de las consideraciones científicas sobre el tema, se constituye, en ambas, en esencia de la condición humana, en razón y pensamiento compartido, a partir del uso del lenguaje, fundamento de su práxis comunicativa. Esa esencia está latente en cualquiera de las dos argumentaciones referidas, la que surge de las consideraciones ancestrales del mito y la que subyace del científico de la lingüistica estructural vigente. Vemos en la visión de la leyenda maquiritare la necesidad de delimitar la esfera solar (divina) y la esfera de piedra, lo creado, lo humano. Forma ésta que nos coloca ante todas las manifestaciones sígnicas de la cultura, y en consecuencia de los estudios de la Semiología de la cultura. De nuevo compartimos el criterio de Briceño Guerrero cuando declara: “El lenguaje, como el grito, la canción y el baile, es consubstancial con la condición humana y el todo se encuentra incluido en un todo mayor que lo trasciende” (Briceño Guerrero, 2002:12). En las culturas primigénias se valora la capacidad creadora del lenguaje como esencia de la creación de la vida. En los estudios actuales sobre la supremacía del lenguaje en la sociedad, podemos recapitular la teoría saussuriana, atenta a un criterio de valoración del lenguaje en el presente que además implica su evolución: Dos ejes esenciales del valor de los signos considerados en función del tiempo, apreciando su organización y uso en el sistema actual y también la evolución de su estructura a lo largo de las épocas históricas. Aún cuando la concepción mítica diste del criterio fenomenológico que se le otorga al lenguaje respecto a los estudios propios de la ciencia del lenguaje, no dejan de tener vasos comunicantes en cuanto a la supremacía que en ambas concepciones le otorgan al lenguaje, instrumento de creación.

     Para Charles Sanders Peirce (1839-1914), cognición, pensamiento, hombre, son semióticos en su esencia. Cada pensamiento es un signo. La vida es una cadena de pensamientos, prueba que el hombre es un signo. El universo entero está inundado con signos. En consecuencia, la Semiótica es la doctrina de la naturaleza esencial y de las variedades fundamentales de las posibles semiosis. La teoría de Peirce tiene entonces una fundamentación filósofica cuando reconoce la realidad como tríada, proceso.

que domina la disposición analítica e interpretativa de la realidad desde el sistema del pensamiento humano. Este puede describir la situación global de las cosas como cualidades (Primeridad), o en su acción real (Segundidad), o como entidades regidas por leyes y fines (Terceridad). Y siempre como una experiencia continua y fluida.” (Ibidem, :47).



Será preciso, igualmente, para ilustrar estas ideas sobre la realidad como triada, citar los siguientes ejemplos proporcionados por el Peirce:

Las ideas típicas de la Primeridad son cualidades del sentir, o meras apariencias. El color escarlata de las libreas de vuestra casa real, la cualidad en sí misma, independientemente del hecho de ser percibida o recordada, es un ejemplo.
Un tipo de idea de Segundidad es la experiencia del esfuerzo, con prescindencia de la idea de intencionalidad...La existencia de la palabra esfuerzo es prueba suficiente de que la gente piensa que tiene tal idea, y basta con esto. La experiencia del esfuerzo no puede existir sin la experiencia de la resistencia. El esfuerzo sólo es esfuerzo en virtud de que algo se le opone, y ningún tercer elemento entra en esto. ...
En su forma genuina, la Terceridad es la relación triádica que existe entre un signo, su objetoy el pensamiento interpretador, que es en sí mismo un signo, considerada dicha relación triádica como el modo de ser de un signo...Un Tercero es algo que siempre pone a un Primero en relación con un Segundo.Un signo es una clase de Tercero.” (Ibidem:47).

El color escarlata de las libreas de la casa real, idea de Primeridad. El uso de las libreas escarlatas, la idea de Segundidad y las relaciones establecidas por el uso de las libreas escarlata, idea de Terceridad.

     Destaquemos ahora otra noción peirceana, el fanerón, “la suma de todo lo que tenemos en la mente, de cualquier manera que sea...categoría relacional mediante la cual vinculamos elementos simples y complejos de cualquier realidad semiótica” (Ibidem,:48). Luego ejemplifica a través del signo “avión” y sus múltiples ángulos culturales, desde la realidad como aparato tecnológico, comercial, turístico o considerarlo como imágen, como escritura. Así, de nuevo, el signo pasará por las tres categorías de Primeridad, Segundidad y Terceridad. En este orden entraría en juego otra categoría, la faneroscopia como “forma lógica de encarar las cosas con el fin de reducir al orden fenómenos diversos, interpretándolos funcionalmente desde las categorías de la primeridad, secundidad y terceridad”(Ibidem), es decir, interpretar al signo en términos pragmáticos, de allí que Peirce sea considerado filósofo iniciador del pragmatismo moderno. El pragmatismo apunta más allá de las elucubraciones mentales, es decir, la práctica.

     Para Peirce, un signo es cualquier cosa que determina alguna otra (su interpretante) para que se refiera a un objeto al cual él mismo se refiere (su objeto); de la misma manera, el interpretante se convierte a su vez en un signo, y así ad infinitum. Precisemos en palabras del propio Peirce:

Un signo o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o caracter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o tal vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto, está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino solo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen” (Pierce, The collected papers:228 )


     Se establece, en consecuencia, la presencia de la 'conciencia inteligente' en virtud de constituirse un proceso de cognición, de pensamiento que enlaza y establece conexiones significantes en la tríada del signo. Por lo tanto, entraran en juego tres elementos fundamentales: Primero, un signo o Representamen, un Segundo u Objeto y un tercero o Interpretante. En cuanto al Representamen seria ““el/los aspectos del objeto” que podemos llegar a conocer a través de una tríada en particular, pero nunca al objeto en su totalidad.”(Caldeiro, 2005) En tanto que el objeto “es la porción de la realidad a la que se puede acceder a través del signo.” (idem) y finalmente, el interpretante se constituye en “otro signo que ahora es el signo que el representamen produce en la mente de la persona...El interpretante ha de relacionarse con los conocimientos y saberes comunes de una cultura determinada.” (idem). Esta representación mental del signo que establece Pierce, de naturaleza triádica, se distancia y amplía la teoría binaria del Signo Lingüistico de Ferdinand de Saussure. Sin embargo, en ambas prevalece la conexión del pensamiento, de la representación mental de la idea del signo tanto en el significante propiamente dicho como en el receptor de este signo llamado por Pierce, interpretante. En cuanto a la valoración de los estudios de Pierce, debe traerse a consideración los estudios de Eliseo Verón (1938), quién ve mayor amplitud en la teoría peirceana ampliada hacia los estudios de la semiótica mientras que en Saussure los estudios hay que reconocerle particularmente, “el surgimiento de la linguistica como ciencia de la lengua”( Zechetto, 2000:107). Es a partir de esta valoración que luego desarrollará su teoría de la discursividad o teoría de los discursos sociales. Comienza considerando las limitaciones de la teoría saussureana con respecto a la teoría peirceana y declara:

El modelo ternario aborda un análisis más amplio que el de la lingüistica; la cual, -seguidora del funcionalismo-, reducía el sentido del acto de lengua al foco intencional de la conciencia...No se planteaban , sino que veían tanto a la lectura como a la lectura como dos posiciones indistintas.” (Verón, en Zechetto, 2000:108).


     Y aún es más tajante cuando afirma que la concepción saussureana “conduce a una noción estática del signo.

     Volviendo a la teoría peirceana hay tres clases de signos: semejanzas o íconos. funcionan a partir de la imitación que realizan sobre el objeto. Una caricatura, un dibujo que refleje la naturaleza, sombras chinas, serían ejemplos de íconos; los indicadores o índices, tal y como la palabra lo dice, muestran indicios, conexiones con el objeto o las cosas de la realidad. El cielo nublado es indice de lluvia, el dolor de vientre en las mujeres es índice de la llegada de la menstruación o el vómito, la diarrea, y decaimiento general en los bebés es indicio del “mal de ojo”para quiénes tienen esa creencia. Todo lo que centra la atención o todo lo que sorprende es una indicación, según Peirce. Luego, los símbolos o “signos generales, que han sido asociados con su significado por el uso. Así como, “etimológicamente significaría una cosa unida a otra.” (Peirce, 1894:6). Mafalda, caricatura de Quino, sería símbolo de las rebeldía de los niños. En Venezuela, Los cuentos de Teresa, de Armando José Sequera, son símbolo de la perversidad y la ternura del imaginario infantil. El Principito es símbolo de la eternización de la infancia en el adulto; Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo constiuyen un símbolo de la escritura del absurdo.

     Así como el hombre es capaz de inventar nuevos símbolos, a partir de su capacidad creadora, la cual se hace determinante y expresa, a través del lenguaje, podemos afirmar, que en nuestra cotidianidad estamos siempre desarrollando esta capacidad creadora, cuando damos denominaciones muy personales a cualquier ser querido, o no tan querido, si no es reconocido por el entorno es tomado como si se tratara de entender otro idioma. Es el caso particular de los apodos. Puedo referir en mi condición de abuela un ejemplo que siempre doy a mis estudiantes. Cuando mi nieta tenía más o menos cuatro años, se me ocurrió llamarla “gondispotis”, no sabría explicar una razón lógica del término, como todos los términos, amparados por la teoría saussureana de la arbitrariedad, bien pudiera simplemente decir que tras un impulso de emotividad surgieron esa serie de sonidos que me regocijaban cada vez que los repetía para sustituir su nombre, Abril por el de “gondispotis”. Con el tiempo esa denominación se ha apocopado y hoy en día la llamo mi “cotis” y a su hermanito mi “cotos” y les agrego a quiénes me pregunta “por aquello del algodón”, es decir, la suavidad del 'cotton'. Por supuesto, todos en mi familia entienden el código, símbolo de mis sentimientos. Me encantaría conocer otros símbolos, creados por otras abuelas. Volviendo a Peirce, “gondispotis”, “cotis” y “cotos” serían el signo o representamen, Abril y Jesús Daniel serían el objeto y cada uno de los miembros de mi familia , los interpretantes.

     En cuanto a la poesía, propiamente dicha, particularmente infantil, podemos hacer referencia a muchos ejemplos, que se constituyen en ícono de sus autores “El principe enano” de José Martí, “La sonatina” de Ruben Darío, “Las lombricitas” de Aquiles Nazoa, y mucho más contemporáneo, pero, igualmente emblemático el poema “Aprendiz de espumas” del escritor español Carlos Marzal, poema que simboliza al niño que tiene su primer encuentro con el mar (1). Todos son muestras de la capacidad simbólica del lenguaje más allá de lo meramente cotidiano.

     Reconocemos en la teoría de Peirce el fundamento de la semiótica, considerada por Umberto Eco como “una práctica contínua. El sistema semiótico que cambia, el análisis semiótico que transforma al sistema que expresa y considera a los signos como una fuerza social, permiten entender que la semiótica no solo es una teoría” (Eco, en Zechetto 2, 2000:60). Esta afirmación sustenta todos los signos que nos envuelven en el desempeño de nuestra vida social. De allí que para Eco sea tan importante establecer las influencias del signo en el universo de los medios de comunicación. Sin embargo, siendo el signo el centro de estas reflexiones veamos las siguientes afirmaciones de Eco, siguiendo a Peirce:

...se trata de redescubrir que la idea original de signo no se basaba en la igualdad, en la correlación fija establecida por el código, en la equivalencia entre expresión y contenido, sino en la inferencia, en la interpretación, en la dinámica de la semiosis...Por consiguiente, sólo hay signo cuando una expresión queda, inmediatamente, atrapada en una relación triádica, en la que el tercer término-el interpretante-genera automáticamente una nueva interpretación, y así hasta el infinito.” (Eco, en Zechetto, 2000:65).


     La literatura en esencia reproduce esta juego propiciado a partir del signo. Queremos otro ejemplo ya en el plano narrativo. Se trata de un escritor inédito, de 80 años, el profesor Ernesto Vergara, natural de la ciudad de Valera, quién acaba de participar en el Primer Concurso de cuentos de la Federación Venezolana de Maestros, donde obtuvo el segundo lugar, con su cuento “Los caleteros”. En este sentido quiero significar el encuentro propiciado entre mis estudiantes de Lenguaje y Comunicación y el profesor. Cada estudiante leyó previamente un cuento del profesor. La distancia generacional y de la época referida en cada relato, vinculados a la Valera de principios del siglo XX, la naturaleza autobiográfica, en la mayoría de los cuentos, en consonancia con las situaciones anecdóticas, propias de la vida de los pueblos, con innumerables signos que reflejan la vida de la época, permitió un diálogo enriquecedor sobre los saberes culturales de aquélla época, que mis estudiantes desconocían y que trataron interpretar incluso buscando referencias con los cronistas de algunos pueblos vecinos. Diríamos con Peirce el signo que el hombre utiliza es el hombre mismo. La referencia de vida del escritor resignifica el sentido de signos de lo cotidiano, en signos traspuestos con múltiples interpretaciones semánticas en cada cuento y al mismo tiempo, al ser recibidos por el lector, se producen nuevas interpretaciones. Pudiéramos referir en los cuentos de Vergara la presencia de héroes anónimos, propio de los pueblos: el famoso Cleto, caletero del mercado municipal, además bebedor y hasta serenatero no por vocación sino por osado; los locos que ayudaban al padre de Sabana Libre a trasladar el nicho, repleto de ofrendas y limosnas de la Vírgen de Coromoto, por tortuosos caminos de piedra, de ida y regreso entre las comunidades vecinas. Particularmente, se destaca el loco Pala, quién cansado de llevar el nicho lo deja abandonado en un paso del camino y expresará. “si es tan santa que termine de llegar sola”. Toda una experiencia de vida al servicio de la imaginación, a la formación de nuevos códigos. Es emblemático destacar que los cuentos de Vergara, algunos tienen coplas que repiten la trama del cuento, todos están ilustrados por el mismo autor y a todos les ha compuesto música que con mucho agrado interpreta acompañado de su guitarra. En este sentido, el escritor reinterpreta sus signos. Estaríamos entonces hablando, en términos precisos, de un proceso de traducción. En este momento son válidas las siguientes palabras de Claude Levi Strauss:

...intentar extraer la propiedad invariable de un variado y complejo conjunto de códigos (el código musical, el código literario, el código artístico). La cuestión consiste en desentrañar lo que es común a todos ellos. Podría decirse que es un problema de traducción: traducir lo que está expresado en un lenguaje- o en un código si se prefiere, aunque el término <<lenguaje>> es suficiente-a una expresión de un lenguaje diferente.” (Levi Strauss, 2008, 29-30).

     En torno al mismo criterio dirá mas adelante: “<<significar>> significa la posibilidad de que cualquier tipo de información sea traducida a un lenguaje diferente.” (Levi Strauss, 2008:33). Estaría poniéndose de manifiesto, de igual forma, la semiósis ilimitada según Eco, proveniente también de la teoría peirceana:

...toda la cultura se considera como un sistema de sistema de signos, en el que el significado de un significante a su vez se convierte en significante de otro significado o incluso en significante del propio significado-independientemente del hecho de que sean palabras, objetos, cosas, ideas, valores, sentimientos, gestos o comportamientos. (Pierce, en Zechetto, 2000:66).


     Es a nuestro parecer, igualmente, el vínculo que se suscita entre discursos semióticos diversos, esbozados en el presente trabajo, donde todos definen los procesos de significación y comunicación de la semiótica. Ahora, será preciso introducir, en términos análogos a los criterios de Pierce, Eco, Levi Strauss, las siguientes consideraciones de Magariños:

...para que algo signifique, debe ser percibido en cuanto forma identificable de determinada semiosis y debe ser enunciado desde otra semiosis (incluida la alteridad de todo metalenguaje respecto de su lenguaje objeto diferente de aquélla a la que pertenece dicho “algo”. La mera percepción es necesaria pero insuficiente (...) sin el correspondiente “juicio perceptual” (Peirce,:5.155) que, utilizando como materia prima la episteme social disponible (...) construya en el consciente cognitivo la representación de aquella percepción. La razón de esta insuficiencia se asienta sobre la contradicción inherente a toda semiosis y que constutuye lo que puede denominarse “el dilema semiótico”: es necesario que una semiosis (sustituyente deje de ser lo que es “en sí”(el juicio perceptual: un fenómeno de lengua) para que otra semiósis (sustituida) sea, no lo que es “en sí”(la percepción: un fenómeno sensorial), sino aquéllo en lo que la primera la constituye (el referente: un fenómeno semiótico y, en cuanto tal, significativo).” (Magariños, 2002:29).

     El punto de encuentro de todas estas teorías semióticas del signo está, indudablemente, en considerar su naturaleza mental, la capacidad de percibirlo como entidad psíquica, iniciadas estas consideraciones, con la teoría binaria de Ferdinand de Saussure y ampliada, de manera sustancial, con la teoría triádica de Charles Sanders Pierce, la cual se prolonga en una serie de consideraciones clasificatorias en otras tríadas. Por otro lado, los estudios de semiólogos posteriores a Peirce como Umberto Eco, Eliseo Veron y Magariños, reconocen el punto de inicio de sus investigaciones, apoyados en la teoría de Peirce, sin desmerecer las aportaciones individuales de cada uno, aún cuando en algunos momentos de sus apreciaciones puedan tomar distancia o discrepar de las consideraciones piercianas sobre el signo.

     A continuación, consideramos pertinente revisar algunas nociones fundamentales de la teoría semiótica desarrollada por Magariños. Explícitamente iniciamos con la noción de objeto semiótico: “a) cualquier percepción construida, en un momento determinado y en una sociedad concreta (o sector de esa sociedad), mediante un conjunto de referentes producidos por un conjunto de enunciados provenientes de las semiosis efectivamente disponibles en dicha sociedad.” (Magariños,:30) Luego, define la semiosis:

todo universo de percepciones sensoriales identificadas, en cuanto construidas (y, coyunturalmente, utilizables como sustituyente o como sustituidas), y cuyas operaciones de formación, transformación y recurrencia pueden identificarse de modo formal, cuasi-formal o entre límites relativos de arbitrariedad (Chomsky, 1979:32).
Todo objeto semiótico procede, pues, de la interacción de dos (al menos) semiosis y pertenece, a su vez, a alguna determinada semiosis. Todo cuanto el hombre percibe conscientemente (o conoce, en sentido amplio) es, en cuanto tal, objeto semiótico.” (Ibidem).

     En relación al objeto semiótico tiene una importancia fundamental el objeto semiótico histórico y que es denominada por Magariños, partiendo de Pierce como semiosis sustituida, destaca en esta tríada peirceana, el Representamen, semiosis sustituyente y el Interpretante, nuevo objeto semiótico. A partir de esta reflexión continúa afirmando: “nada es” sino que todo “resulta ser” lo que las posibilidades constructivas de las semiosis sustituyentes, socialmente disponibles, “le permiten ser”.(Ibidem,: 60). Así como en el lenguaje es tan determinante su evolución, los cambios que se suscitan a través del tránsito temporal, de igual modo, para la semiótica las repercusiones históricas sobre el objeto semiótico ocupan un lugar estelar de las reflexiones propias de la semiótica. Esta conciencia histórica sobre la vigencia de un objeto semiótico en particular en el presente también tiene implicaciones en el discurso de la verdad y la falsedad.

     ¿Pudiéramos precisar, como ejemplo, de la tríada peirceana- magariñoana la consideración que para los creyentes de la religión católica tiene en la época decembrina o navideña la colocación del pesebre en sus casas, como Representamen o semiosis sustituyente de un objeto semiótico histórico (Fundamento) de dos mil años de antigüedad, referido al lugar dónde nació Jesús, en Belén y que se expresa en los Interpretantes que en este caso se constituye en todas aquellas personas que colocan una versión personal de ese objeto semiótico, es decir, el nuevo objeto semiótico? Pudiéramos ampliar esta mirada semiótica apoyados de nuevo en Magariños:

toda forma tiene ya historia. Todo lo percibible se percibe porque ya está interpretado y así la forma viene a ser una bisagra que media entre la percepción y la interpretación y permite la transformación de la primera en la segunda. Los tres términos involucrados “percepción”, “forma” e “interpretación”constituyen una totalidad cuyo sustrato objetivo es la forma, lo que no la excluye de dicha totalidad sino que meramente la afirma como lo efectivamente observado.” (Ibidem,:67).

     Esta manera de definir los rasgo particulares del objeto semiótico nos permite acaso precisar alguna recursividad entre los grandes semióticos de todos los tiempos. Tal y como se verá en la siguiente definición de cultura, expuesta por Uspenski, a propósito de la Escuela Semiótica de Tartu- Moscú:

la cultura es entendida como cierto sistema que está entre el hombre (como unidad social) y la realidad que lo rodea, esto es, como un mecanismo de elaboración y organización de la información que llega del mundo exterior. En este proceso cierta información resulta substancialmente significativa, y cierta información es pasada por alto en los marcos de una cultura dada. En el lenguaje de otra cultura, por el contrario, esa información no importante para esa cultura puede ser muy esencial. Así pues un mismo texto puede ser leído de diversa manera en los lenguajes de diversas culturas... Así pues la cultura en el sentido semiótico amplio es entendida como el sistema de las relaciones que se establecen entre el hombre y el mundo.” (Uspenski, :292).


     Estaría refiriéndose Uspenski a esa forma en que cada cultura lee el mundo, lo interpreta, lo significa, de acuerdo a su visión en la que convergen infinidad de códigos, de signos, de objetos semióticos. Lo mismo ocurre con un texto que es traducido de un idioma a otro, el resultado se constiuirá en lo que Lotman llamó un texto nuevo. Para Lotman entonces “la cultura es un mecanismo de producción de textos nuevos” (Lotman, :130). Por eso quizá siempre vuelve a considerar los textos artísticos, llamados por él sistema de los lenguajes del arte. Plantea el siguiente esquema:

ML_____________O______________LA

De un lado, el sistema de los metalenguajes (ML) y, del otro, el sistema de los lenguajes del arte (LA). Los textos reales se disponen a lo largo del eje. Su ubicación dependerá de de la estructura de estos textos y de su función. Un mismo texto puede tener en algunos casos una función poética y, en otros, una función puramente informativa.” (Lotman, 130).

     Del mismo modo, Lotman jerarquiza un tercer tipo de textos en el sistema de la cultura, los que cumplen con la función de la memoria, pues cada elemento tiene sentido “en un determinado contexto, y lleva en sí una profundidad temporal y una tradicionalidad histórica...Estas tres funciones son también los indicios del sistema intelectual” (Ibidem). A través de lo que ha llamado el isomorfismo cultural: la conciencia individual, el texto y la cultura.

     En nuestros estudios sobre el tipo de texto la novela histórica resulta pertinente expresar la inclusión de estos tres sistemas de textos del sistema de la cultura: el texto histórico (la memoria); el texto poético, en todo lo que sea concebido como producto del imaginario narrativo, el cual se detiene con específica atención en la recreación de personajes auténticamente reales, personajes tomados de la Historia pero renovados de manera insospechable; así como personajes ficticios, muy emparentados con el discurso poético porque en su particular construcción sostienen, el sentido estético de la novela. En algunas ocasiones, esta significancia poética la encontramos en el narrador, casi siempre en primera persona o como narrador testigo de los hechos. Puedo señalar el uso de este procedimiento textual en las novelas del escritor colombiano William Ospina, Ursúa y El país de la canela, recurso importante que interpretamos en las novelas de Ospina las nociones de mímesis de Paul Ricoeur y que hemos trabajado en otro estudio sobre la novela histórica. Además, también la novela histórica informa al lector detalles de la historia que han sido ocultados por los textos oficiales. La novela histórica entonces, utiliza la recursividad del hecho y los héroes para reinventarlos en el mejor sentido del término.

     Es tan importante la noción que sobre la historia tiene Lotman que realiza un paralelismo con la noción de biosfera de Vernadskij y la noción de semiosfera, por un lado, y la noción de intelecto e historia, por otro. Leamos su apreciación magistral y valoremos la trascendencia de su pensamiento:

En los años cuarenta de nuestro siglo, el famoso geólogo, astrofísico y académico Vernadskij definió lo que vivía sobre la tierra mediante el concepto de biosfera. Forman parte de la biosfera, dijo, tanto los microorganismos como los individuos. Vernadskij definió la biosfera como una membrana sobre la superficie de la tierra. Esta membrana es una máquina, es decir, funciona, desarrolla este tipo de trabajo: con la ayuda de la energía del sol transforma lo que no está vivo en vida; y así se desarrollan los mecanismos de la vida cósmica. Podemos afirmar, haciendo un paralelismo, que la esfera intelectual es la que crea el intelecto, de manera que el intelecto no se halla al principio de la creación sino al final. Todo el movimiento histórico puede considerarsecomo la actividad de esta máquna (la semiosfera), con sus obstáculos y sus éxitos.”(Lotman, :134).


     Establecer un criterio conclusivo acerca de la extensa teoría lotmaniana, pasa por considerar su inagotable repercusión en los estudios de la cultura, de los signos que la orquestan, de la validez de sus apreciaciones, sobre todo, en tanto que reconoce en el hombre el valor primordial de ese entramado cultural y que coloca también a la historia como marca fundamental de esa memoria, que en ocasiones se diluye por necesidad de reinventarse, sin premeditaciones posibles; dónde ese intelecto humano sabrá sacar o no provecho, de acuerdo a sus circunstancias, a sus convicciones y a la realidad que se le presente. Recurriendo a la riqueza sígnica del arte, con una esperanza siempre latente.

Notas:


  1. Carlos Marzal: “Aprendiz de espumas”: “Yo conduje a mi niño hasta la orilla,/y él me condujo a mi,/más niño suyo./Lo conducente, al fin, lo conducido./
    Hasta entonces/ anduvo ensimismado/en tormentas de arena/en castillos de almenas imposibles./ Con su pala y su cubo, en ramblas breves./
    La media tarde se alumbraba oblicua/ Con dócil resplandor. El mundo en torno/ brindaba a aquel volumen mansedumbre,/ sin la laceración del mediodía./
    El mar y el niño se observaron tensos,/ como las criaturas más salvajes./Tanteaban sus fuerzas,/ recelosos,/ en una esgrima tácita./
    Hasta que el niño desplegó su índice,/y al señalar el mar,/ creó desde la nada el mar primero,/fundó desde su amor el horizonte./
    Corrió el niño hacia el agua,/ y el animal, sumiso,/lamió sus pies descalzos. Para siempre,/tomaron posesión uno del otro,/señores a la vez, mutuos esclavos.
    Así fue como el aprendiz de espumas/ se hizo doctor en olas, erudito/ en los cantos roddos, en los nácares, en los azules yodos intangibles./
    Yo me atuve a mi asombro,/ pobre adulto./ ¿Por qué/si fuimos dueños no lo somos?/ ¿Por qué/ si lo supimos, no sabemos?7

BIBLIOGRAFÍA:

Caldeiro en http://comunicación.idoneos.com/index.php/335515

Lévi-Strauss, Claude: Mito y significado.Madrid. Alianza. 2008.

Lotman, Iuri: “Sobre las paradojas de la redundancia: el lenguaje artístico y la historia” en Entretextos N° 4, nov. 2004. Versión digital 2010, p.127-137, en http:// es.scribd/doc/95381154/Entretextos-n4.

Magariños de Moretin, Juan Ángel: Los fundamentos lógicos de la semiótica y su prática.Buenos Aires. Edicial. Primera edición 1999. Edición digital, 2002.

Peirce, Charles Sanders: “¿Qué es un signo?” en http:// es.scribd.com/doc/103615853/CharlesSandersPierce-QueEsUnSigno.

Uspenski, Boris: “Sobre el problema de la génesis de la escritura semiótica de Tartu-Moscú” en Entretextos, N° 2, nov. 2003. Versión digital, 2009 p. 282-293, en, http:// es.scribd/doc/91824263/entretextos-n2#outer_page_5

Zechetto, Victorino: Seis semiólogos en busca del lector 1 (Saussure, Pierce, Barthes). Quito. Abya-Yala. 2000.

________________: Seis semiólogos en busca del lector 2 (Greimas,Eco,Verón). Quito. Abya-Yala. 2000.



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