miércoles, 15 de abril de 2015

Limones en almíbar (2014) de Jaqueline Goldberg, ruta de vida

                                                               Cocinar es un acto de dominio y comer es un acto de sumisión
                                                                                                                                       Anthony Bordain

                                                                En nuestros países la comida es comunión y no sólo entre los                                                                                                        convivios sino entre los ingredientes
                                                                                                                                             Octavio Paz

     La poesía de Jaqueline Goldberg muestra la vida desde muchos ángulos, seguramente, por aquello de la mirada acuciosa y suspicaz de la autora con doble oficio, periodista y escritora. La diversidad temática y la versátil lírica de la poesía de Goldberg reposan en profusas y muy estimables metáforas, pudiera hablarse de un yo poético transfigurador de los relatos de crónica a poesía.
     Propuestas textuales de cada uno de sus poemarios nos hablan de variadas  dominantes a propósito de sus temas, tal y como se hace evidente en su antología poética Verbos predadores (2006/1986). Cada poemario se configura en inventario lírico que conjuga la unidad y completud del universo textual  en Goldberg. Desde Treinta soles desaparecidos (1986) hasta Luba (1988) y Fuerza de ciudad (1989); desde Máscaras de familia (1991) hasta Insolaciones en Miami Beach (1995); desde Víspera (2000) hasta Verbos predadores (2006); desde Postales negras (2011) hasta Limones en almíbar (2014), hay un reconocimiento de la vida como historia que se cuenta, como búsqueda, como hallazgo en palabras de sosiego y perturbación.
     Limones en almíbar (2014) no es un inventario de sabores, es la evocación de ese enlace vital entre memoria, añoranza, nostalgia y pesadumbre, de momentos imperturbables a la memoria, como si la vida pudiera contarse no sólo desde esa vivencia exterior que vamos organizando a medida que crecemos en caminos cruzados sino también desde la significancia interior sedimentada en lirismo. La poeta unifica su propuesta estética de vida desde la brevedad cuando dice:

Primero dulzor
Primero amargura
Primero ambos (54, p. 65).

     Limones en almíbar es una incitación celebratoria de los recuerdos, exquisita escritura de metáforas, de momentos bien guardados de la niñez, en la presencia del padre y la madre, los hermanos, las amigas, los viajes, la antigua diáspora de raíces judías, la reinvención del yo poético en encuentros y deseos ocultos suspendidos en el tiempo. Muy adecuada, para exaltar esta invención del yo poético, resulta la siguiente frase de Paul Ricoeur "a la memoria que repite se opone la memoria que imagina" (2003).
     Cada poema es una metáfora de vida, de momentos, deliciosos, muchas veces. Rotundos cuando muestran su acritud, algunos otros. En el poema convergen los placeres mundanos. Así el poema 53 sirve de leitmotiv:

Un libro de cocina se lleva a la cama
se manosea
abierto sobre el vientre
se mancha, se lame
se le dicen palabras soeces (p.64).

     Llevar el libro de cocina  al recinto más íntimo de la casa sugiere subversión,  torcer el curso del espacio que debería ocupar. Las palabras rozan, se mezclan con tino, a pulso, cuidando la medida exacta, no se exceden al proporcionar a punta de combinaciones certeras y disonantes la explosión de las imágenes, cuadraturas del destino que van dando sentido a la vida del yo poético, también, quizás, sobretodo femenino. La poeta entonces declara:

La chef hila
torta de loto y crema de té verde

hagan mezclen
dice
jamás hiervan la atávica hoja (12, p.21).

     Persiste esa voz femenina que todo lo abarca desde sí misma, dialoga esta propuesta del último poemario de Goldberg con su anterior poemario Postales negras (2011)  dónde se escuchaba esa voz poética que declaraba su esencia vital femenina:

la dificultad en la poesía radica en el vientre
En toda la vejez que cabe en un vientre

     Y esta conciencia del yo poético destila ahora en su nuevo poemario otras metáforas que atienden de igual modo a la inconformidad y a las satisfacciones:

aborrezco sustancias de rememoración 
las del convite que me presume
deshilada y margosa

cabello de ángel
sopas espesas
leche de peces
lentejas
-con toda su bienaventuranza-
Caldo de alacrán
Alcachofas deshojadas por amor. (33, p.43).

     En definitiva, el último testimonio poético de Goldberg, sugiere la transubstanciación de la palabra que comunica realidades a poética y ritual de comunión entre el yo poético y el lector. De igual modo, concede de manera inapelable, una invitación, un convite de palabras que cumple a cabalidad con el antiguo aforismo número XX de Brillat-Savarin: “Convidar a alguien equivale a encargarse de su felicidad en tanto esté con nosotros” (2001: 16).  

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