viernes, 27 de septiembre de 2013

CIUDAD, CONVIVENCIA Y MEMORIA HISTÓRICA




REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD DEL ZULIA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
DOCTORADO EN CIENCIAS HUMANAS
SEMINARIO CONVIVENCIA Y CIUDADANÍA
DR. VÍCTOR MARTIN FIORINO



CIUDAD, CONVIVENCIA Y MEMORIA HISTÓRICA

Libertad León González

Dijiste:” iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que esta.”
Constantino Cavafis


     La ciudad que nos cobija desde el nacimiento, como el entorno mediato en el que desarrollamos nuestros primeros desvelos y sueños, como ser humano socializado, ha de considerarse como el ámbito que influye en la percepción del mundo que cada individuo, llámese ciudadano, se traza para surgir como persona aceptable, mediana o extremadamente exitosa. Pensamos en ese espacio macro o micro, que nos alberga a medida que nuestra vida avanza, donde pareciera que aunque se progresa en unos aspectos, se retrocede en otros, sobre todo, los referidos a la convivencia entre sus habitantes. Es la ciudad que nos pertenece y que también está inmersa en esa concepción muy propia de las grandes ciudades, como lugares de supervivencia y como diría Martin Fiorino, también, “situación de supervivencia bien lejana de la capacidad de construir un proyecto de vida común, en el cual los ciudadanos deliberen, acuerden y ejerzan un cierto grado de poder sobre la calidad de vida que desean.”( Martin Fiorino, 2012:1). Volcar la atención sobre el ejercicio deficiente de quiénes dirigen la administración de las ciudades, en este caso, gobernaciones y alcadias, pudiera constituirse en una manera de apuntar desde un ángulo inútil, la posibilidad de corregir ciertas prácticas inadecuadas para el crecimiento armónico de una urbe. Siempre habrán señalamientos en la gestión personalista o institucional de entes gubernamentales, por lo cual sería ésta una vía inadecuada para nuestro planteamiento. Propondremos, por ejemplo, una organización interinstitucional de escuelas y liceos, a partir de la autogestión, para intentar resolver algún aspecto de convivencia común en la ciudad que habitamos.

     Puedo mencionar el caso específico de la ciudad a la que pertenezco porque allí he nacido, crecido, me he formado, he constituido mi hogar y está muy cercano a mi lugar de trabajo. Aún cuando sea una ciudad pequeña, de apenas 261.000 habitantes, según censo del año 2011, Valera, capital comercial del estado Trujillo, pareciera ser simplemente una ciudad apacible, en pujante desarrollo. No así para quiénes habitamos este lar, podemos dar testimonio de vida al afirmar, la anarquía imperante en nuestra ciudad, reflejada, fundamentalmente, con poca visión futurista desde las vías de acceso y desplazamiento vehicular y peatonal, la distribución de sus desarrollos urbanístico y comercial, amén, igualmente, de mostrar sus montículos de basura producto de la discordia entre gobernación y alcaldía, unido a la ausencia de una conciencia ambientalista por parte del ciudadano valerano, llámese estudiante, profesional, obrero, ama de casa, empresario. No podemos dejar de mencionar el problema de anarquía propiciado por la economía informal, en el centro de la ciudad, al punto de haber sido calificada nuestra ciudad, como 'la nueva Bombay', por el reconocido historiador de nuestra ciudad, Nelson Pineda..

     Posee, igualmente, Valera lugares emblemáticos, por ejemplo, el parque o plaza Los Ilustres, fundamental y exclusivo lugar de recreación de los valeranos que ha albergado al menos tres generaciones en sus 700 metros cuadrados, desde su creación, en el año de 1957, sin haber sido sustituido por un parque de mayores dimensiones a la demanda diaria de los citadinos que lo visitamos. Es decir, Valera pudiera contar ya con un parque metropolitano, muchas veces vociferado como plan de desarrollo recreacional de la ciudad en las promesas incumplidas de políticos y gobernantes locales y regionales; por supuesto, no ha sido prioridad en quiénes conducen la ciudad desde las instancias del poder.

     Este año, 2013 es particularmente significativo para la memoria histórica de los trujillanos y también de los valeranos, lo cual pudiera convertirse en un buen motivo para resarcir ciertas prácticas gubernamentales que otorguen a Valera un desarrollo de su infraestructura recreacional para interés de sus habitantes y de los visitantes. Celebramos el pasado 15 de junio el bicentenario de la firma del Decreto de Guerra a muerte. En Valera se conserva la casa donde pernoctó el Libertador, los días 13 y 14 de junio de 1813, antes de la firma del decreto. Esta casona emblemática por su significado histórico, puede ser motivo para propiciar la visita a sus instalaciones de los niños y adolescentes de las escuelas y liceos de las diferentes parroquias de la ciudad y retomar el discurso histórico que re-significa los hechos de la Historia de Venezuela y que tiene su valoración en el recuerdo que puedan ofrecer los maestros y profesores a sus estudiantes. De esta manera, la valoración de la Historia local y nacional, dejaría huella en los estudiantes que visiten estos espacios, cargados de significación para el rescate de la memoria histórica. Para Martin Fiorino representaría “valorar momentos en los que la ciudad puede existir episódicamente” (Martin Fiorino, 2012: 10). Muchas son las voces locales que se han referido, en diversas ocasiones, al significado de este momento crucial de la Historia local y nacional. Estos testimonios dan fe de otra conciencia de los habitantes de Valera, que aún cuando es divulgada a través de la prensa regional, no ha sido consumida con fervor por nuestros educadores y, mucho menos, por nuestros estudiantes, lo que servirá de ejemplo para resarcir el desconocimiento de un recurso documental que bien puede ser el inicio de un meritorio criterio de pertenencia y valoración de los espacios emblemáticos de la ciudad, de los momentos históricos relevantes reconocidos por sus habitantes. Bastaría revisar las páginas electrónicas de los periódicos locales: Diario de Los Andes y Diario El Tiempo, para contar con las opiniones de trujillanos interesados en presentar su propia visión de la historia, específicamente, de este momento importante dentro del período concebido como Segunda República de Venezuela, comprendida entre 1813 y 1814. Afirman, igualmente, los trujillanos, que el Decreto de Guerra a muerte es considerado el segundo decreto contra el invasor o conquistador, el primero, lo constituye el Canto Guerrero de los Kuikas:

...Ese fue el Primer Decreto de Guerra a Muerte, aquí ha habido dos, ese de los kuikas inequívocamente un canto para despertar la dignidad de los indígenas y pelear contra los españoles invasores que ocuparon al continente entero y que hoy por cierto los descendientes de esos indígenas tienen una conducta de resistencia increible, desde ese tiempo hasta hoy que están más amenazados que cualquier momento anterior.”(Prada, 2009).

     Cuando hablamos de conciencia histórica, tal y como lo argumenta Gadamer, estaríamos en correspondencia con la exacta percepción del presente, no podemos tener una clara convicción de nuestro compromiso individual y social sin estar atentos a la responsabilidad de cada uno en saber administrar nuestro presente. Veamos qué opina Gadamer al respecto:

Entendemos por conciencia histórica el privilegio del hombre moderno de tener plenamente conciencia de la historicidad de todo presente y de la relatividad de todas las opiniones. Está claro que esta toma de conciencia histórica no permanece sin efecto sobre el actuar espiritual de nuestros contemporáneos, y basta para ello pensar en los inmensos cambios espirituales de nuestra época.” (Gadamer, 2011:41).


     Vivir el presente tomando en consideración la repercusión social e histórica de los actos de cada individuo, se traduce en reconocer la volatilidad del tiempo, asumirlo desde el ejercicio consciente de los momentos del ahora que serán reconocidos en un mañana. Así como, considerar, aquéllos aspectos relevantes de nuestro pasado local, regional y nacional, para ser percibidos como condición ejemplarizante de un ciudadano involucrado en el bienestar propio y de sus semejantes. En definitiva, vivir el presente desde la ciudad a la cual se pertenece. Consideramos apropiado señalar, tal y como lo denomina Martin Fiorino, la ciudad “como espacio para el desarrollo de las capacidades de quienes la habitan” (Martin Fiorino, 2012:2), marcados por su condición de supervivencia porque afrontan lo que el mismo autor ha llamado los 'límites de la ciudad' .En este sentido, plantea, igualmente el autor: “'la ciudad como espacio', espacio urbano, ciudad total, donde se valore el perspectivismo de lo humano, articular lo diverso /convergente, aprendizaje glocal, Inteligencia-proyecto (más que plan); pensamiento-diseño (más que estrategia); fines y metas (más que solo objetivos). Tejido ético. De ciudades objeto (económicas, ideológicas, religiosas) y ciudadanos objetos a ciudades de sentido para ciudadanos personas (sujetos que deciden su forma de vida desde la subjetividad social).” (Martin Fiorino, 2012). En este sentido, la propuesta de Martin Fiorino apunta a la búsqueda de propiciar acuerdos entre los ciudadanos que permiten convertir estos espacios urbanos en espacios más vivibles. Más preciso, el autor comparte la creación de “las ciudades Biópolis: de las personas a la ciudad, desafio centrado en la vida. El desafio bioético: devolver a las personas, habitantes de los fragmentos de ciudad, algún grado de capacidad reconstructiva de la ciudad-total.” (Martin Fiorino, 2012). Resulta necesario, en este sentido, destacar las reflexiones que sobre este modelo propuesto, emergen de las consideraciones teóricas del autor:
Citaremos, en consecuencia, in extenso:

La historia de las ciudades latinoamericanas y de sus movimientos sociales y reivindicativos puede mostrar cómo la difícil construcción de condiciones que permitan un cierto nivel de ejercicio de la vida política ciudadana, ha supuesto una sucesión de esfuerzos de desterritorialización – en el sentido de resistencia a condiciones de control y dominio – y una concomitante serie de intentos de re-territorialización, orientados a construir espacios comunicativos, inicialmente reducidos pero potencialmente abiertos a su articulación, para recuperar en alguna medida: 1) protagonismo ciudadano en cuestiones prácticas y vitales; 2) comprensión y crítica de las lógicas que determinan las interacciones urbanas; 3) recuperación de los sentidos de la vida en común.

La noción de espacio, a diferencia de la de territorio, no está centrada en el dominio sino en la comprensión. No está centrada en el control sino en la comunicación. No responde a una lógica de intervención sino de integración. Para construir espacios urbanos de comunicación ha sido necesario re-construir territorios, ya no desde la hegemonía sino desde el pluralismo, la diversidad y la concertación. Re-territorialización no para la ciudad – total sino para el barrio, la urbanización, el sector; partes de una ciudad fragmentada que, a pesar de ello, pueden ser escenario de nuevas formas de interacción entre los ciudadanos, sobre la base de un abordaje en común de problemas concretos prioritarios que renueva formas valiosas de cooperación y puede contribuir a desarticular la violencia.”(Ibidem, :5).

En efecto, sin la confluencia de sectores activos en la búsqueda de soluciones, no podremos pensar en resolver esta realidad de fragmentación urbana, donde cada quién actúa y se desvive por sus intereses propios, sin pensar en las repercusiones de su hacer con respecto al entorno y en consecuencia, olvidando también a sus semejantes. El problema más allá del Estado está en el ciudadano. Sin hombres ganados a desarrollar proyectos de convivencia plena, seguiremos siendo observadores desde el estrado del distanciamiento y la indiferencia.

Nuestra propuesta apunta a desarrollar un 'mapa de convivencia urbana' que coincide con lo que nuestro autor ha llamado 'la visión cultural de la ciudad' en la cual proponemos “rescatar la importancia del compromiso con el pasado, con la historia de la ciudad latinoamericana como fuente de potencialidades identitarias y de desarrollo.” (Ibidem,:14). Hacer honor al pensamiento del gran trujillano Mario Briceño Iragorry, siempre preocupado por exaltar las raíces históricas de su pueblo. Así se expresó en uno de sus textos, para valorar todos los tiempos en los que coexistió como hombre de pensamiento profundo y sensible: “Mi pasado y mi futuro. Mi ayer y mi mañana, vistos en el espejo de una misma sonrisa.” (Briceño Iragorry, 1988:119). Retomar las voces del pasado, del presente, en el presente de nuestra ciudad, contribuye, sin duda, a reivindicar los valores humanos de todos los seres que conviven y luchan por sus espacios urbanos.



BIBLIOGRAFÍA:

Briceño Iragorry, Mario. Obras Completas, Vol. I, Caracas, Ediciones El Congreso, 1988.

Gadamer, Hans-Georg. El problema de la conciencia histórica. Primera Edición 1993, Madrid, Tecnos, 2011.

Martin Fiorino, Víctor. “Ciudad y convivencia. Un enfoque ético de los problemas de la convivencia en las ciudades de América Latina”, Programa Internacional de estudios de Convivencia, Universidad del Zulia, 2012.

__________________ “Ética y convivencia: una aproximación Bio ética a las ciudades de supervivencia (la construcción de espacios para la vida en común)”. Programa Internacional de estudios de Convivencia, Universidad del Zulia. 2012.


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